Inga Moore
Coleccioó Piñata, versión de Miguel Tristán
EditorialVicens Vives, 2003.
La falta de comunicación en media docena de vecinos reservados es el escenario ideal para que el gato Sixto pueda medrar; estamos, pues, frente a un felino muy astuto y tragaldabas: Sixto viven en seis casas y come en todas ellas. Cada uno de los adultos del vecindario cree ser el único dueño de nuestro personaje, aunque quizá pequen de ingenuos, pues no es lo mismo un gato de casa, que va y viene a su aire, que un gato de departamento que suele limitar sus dominios territoriales a ese espacio físico que termina en las paredes y ventanas que dan al vacío de un pozo de luz.
Para Sixto la vida no es fácil, porque debe recordar el nombre que le ha puesto cada uno de los propietarios y adaptarse a la personalidad de los susodichos. Acá la autora hace juegos de palabras que la versión de Tristán también hace rimar en castellano. Todo este trajín es bastante agotador, pero Sixto se siente resarcido con las seis cenas y además porque le encanta que lo rasquen de acá para allá en todas esas casas y lo dejen dormir en seis camas diferentes.
Todo iba a pedir de boca hasta que Sixto pescó un resfrío y tuvo que visitar al veterinario seis veces. Nunca más oportuno el dicho popular “de noche todos los gatos son pardos”, porque está bien que todos los gatos negros se parezcan, pero que seis gatos negros de la calle Mambrú tengan tos ya es demasiada casualidad: el veterinario es quien pone en evidencia a Sixto y se descubre su desfachatez. Nos reservamos el final para no romper el encanto de este cuento tan lindo y bien escrito.
Sin embargo el libro de Sixto no sería lo que es si no estuviera acompañado de las ilustraciones de la misma Inga Moore, una artista sobresaliente, de una calidad excepcional para mostrar la perspectiva de la calle Mambrú, los detalles y características de cada una de las casas que visita el gato negro de marras, así como los rasgos de los vecinos. Muy recomendable.
David Shannon.
7a. ed. León,
Editorial Everest, 2006.
¡ No, David! : Es necesario leer desde la dedicatoria y la explicación del origen de los libros de este precoz artista. David es el arquetipo del niño travieso.
En ningún momento se ve la cara de la madre y la lectura de este único personaje adulto solo se hace a través de su voz, en las negaciones y llamadas de atención a su retoño, las que se dan en una relación de causa-efecto: garabatear la pared, treparse para sacar galletas, ensuciar el piso, inundar el baño, salir desnudo a la calle, hacer ruido con las cacerolas, divertirse con la comida, jugar con la pelota dentro de la casa, saltar encima de la cama, etc.
Cuando David mastica con la boca abierta vemos vainitas, brócoli, zanahoria... En la imagen en que la mamá le ordena que arregle su habitación, se aprecia la abundancia de juguetes y medios de entretenimiento, donde no puede faltar una revista de historietas, a disposición del protagonista, como que David es un niño proveniente de una sociedad opulenta.
Cuando lo castiga y llega hasta las lágrimas, su madre lo llama usando un diminutivo que en la versión en castellano no se aprecia. El fin de la historia es un punto de quiebre. Las ilustraciones a doble página son de gran impacto, sobre todo cuando Shannon nos sorprende con el cambio de perspectiva. La apropiada lectura de imágenes, por parte de los niños, será todo un deleite. Los dientes de David son su característica más personal. Formidable. La edición de este libro álbum es de tapa dura acolchada, un lujo.