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¡ No, David! : Es necesario leer desde la dedicatoria y la explicación del origen de los libros de este precoz artista. David es el arquetipo del niño travieso.
En ningún momento se ve la cara de la madre y la lectura de este único personaje adulto solo se hace a través de su voz, en las negaciones y llamadas de atención a su retoño, las que se dan en una relación de causa-efecto: garabatear la pared, treparse para sacar galletas, ensuciar el piso, inundar el baño, salir desnudo a la calle, hacer ruido con las cacerolas, divertirse con la comida, jugar con la pelota dentro de la casa, saltar encima de la cama, etc.
Cuando David mastica con la boca abierta vemos vainitas, brócoli, zanahoria... En la imagen en que la mamá le ordena que arregle su habitación, se aprecia la abundancia de juguetes y medios de entretenimiento, donde no puede faltar una revista de historietas, a disposición del protagonista, como que David es un niño proveniente de una sociedad opulenta.
Cuando lo castiga y llega hasta las lágrimas, su madre lo llama usando un diminutivo que en la versión en castellano no se aprecia. El fin de la historia es un punto de quiebre. Las ilustraciones a doble página son de gran impacto, sobre todo cuando Shannon nos sorprende con el cambio de perspectiva. La apropiada lectura de imágenes, por parte de los niños, será todo un deleite. Los dientes de David son su característica más personal. Formidable. La edición de este libro álbum es de tapa dura acolchada, un lujo. |