En el amanecer de la tercera jornada del
congreso que se realizaba en Santiago de Chile, sobrevino la
catástrofe impuesta por la corteza terrestre. Abruptamente se
interrumpieron los diálogos y las ponencias de autores e
ilustradores, académicos y promotores de lectura, del evento que de
manera impecable había organizado
la Fundación
SM.
A partir de ese
instante la vida de los invitados transcurrió en las instalaciones
del Hotel San Francisco, donde la tensión descansaba bajo la luz
tenue de los salones y al calor de preciosas conversaciones.
Personas que para nuestros interesados en educación son nombres en
portadas de libros —Ana María machado, Daniel Goldin, Yolanda Reyes,
Francisco Hinojosa, Jordi Sierra—, fue una corte ejemplar de
conducta. Por esos días de angustia conversé con José Luis Cortés,
cabeza visible de la organización, hombre de contagiante vocación y
cordialidad.
¿Cómo surgió la iniciativa de reunir latitudes y tiempos de
nuestra literatura infantil y juvenil?
En
la Fundación SM
,
presente en España y en ocho países de Latinoamérica, hay una
profunda sensibilidad iberoamericana, el ánimo de unión de esfuerzos
entre los dos continentes. Pensamos que esta era una manera útil de
avanzar en la autocomprensión de
la LIJ
iberoamericana: conocernos, apreciarnos, querernos.
El congreso planteó dos vertientes: una académica y otra
cultural. ¿Cómo se organizaron las actividades en cada línea y
cuántas se programaron?
Cuantitativamente, la parte más densa era la académica. En ella
repasamos el pasado, el presente y las orientaciones para el futuro
de
la LIJ
iberoamericana, presentando ponencias e investigaciones que, en
algunos casos, eran el fruto de muchos meses de trabajo
preparatorio. Pero evitamos reducirlo a un evento para
especialistas, abriendo en la tarde los actos a todo el público, que
pudo así beneficiarse de la presencia en Santiago de lo mejor de
la LIJ
iberoamericana. También se presentaron dos libros monumentales
expresamente preparados para el Congreso: una Historia de
la LIJ
latinoamericana y un Gran Diccionario de Autores latinoamericanos de LIJ.
Hubo un Comité de Honor integrado por el Ministro de Educación
de Perú. ¿De qué manera participó en el congreso?
Queríamos que el Congreso recibiese el apoyo de las
instituciones, que reconociesen oficialmente la importancia cultural
de este acontecimiento. Así lo hicieron diversos Ministerios y
personalidades de América y de España, comenzando por
la Princesa
de Asturias, que
presidió el Comité de Honor. Este Comité dio lustre a nuestra
iniciativa, situándolo entre los eventos culturales más importantes
de 2010 en el Continente.
Además de las ponencias y conversatorios, se realizaron muy
justos homenajes a representantes del género. ¿Quiénes fueron las
figuras distinguidas?
Entre los distintos “condimentos” con que quisimos sazonar el
Congreso, no podía faltar el afectivo, el reconocimiento emocionado
a personas que han dedicado su vida al libro infantil y a la
promoción de la lectura. Por eso dedicamos, en la inauguración del
Congreso, sendos homenajes a María Elena Walsh, Pascuala Corona,
Montserrat del Amo, Alicia Morel y Lygia Bojunga. Las tres últimas
pudieron acompañarnos, y aportaron una buena dosis de humanidad y de
simpatía.
La inauguración del congreso tuvo una alta dosis de
inteligencia y humor gracias al diálogo entre Antonio Skármeta y
Juan Villoro, que trató sobre la importancia de las primeras
lecturas.
Skármeta y Villoro son dos genios de la literatura y dos personas
verdaderamente lúcidas, y aquí lo demostraron. Cada uno leyó un
escrito que había preparado y luego ambos iniciaron, ante el
público, un diálogo improvisado. No fueron necesarios discursos
grandilocuentes: ellos supieron elevar el coloquio a la altura de
las tesis más sesudas, con cargas profundas de buen sentido y
esencialidad. Junto al homenaje a las autoras y la actuación de una
orquesta de niños, transformaron la inauguración en una fiesta.
Todas las ponencias fueron interesantes y hubo algunas que
mostraron un compromiso político frente al conservadurismo que
socialmente inspira la literatura infantil…
Creo que el Congreso tuvo un aire de libertad que no era sino
consecuencia de la inteligencia con que los temas fueron abordados.
Hago extensible este comentario a las ponencias sobre ilustración y
también sobre las experiencias de fomento de la lectura que fueron
presentadas. Si creemos que la lectura incide profundamente en la
formación de los más pequeños, esta formación no puede ser aséptica
en un mundo profundamente desigual. Quedó demostrado que la lectura
es un instrumento esencial para la transformación de nuestras
realidades.
También hubo un momento para detenernos y hacer memoria de los
grandes exponentes. Desde José Martí hasta Carmen Bravo Villasante…
¿cree usted que faltaron algunos nombres?
Sin duda que faltaron algunos nombres señeros. Se trataba solo de
recordar algunos “gigantes” sobre cuyos hombros avanzamos nosotros
hoy día. Como todo en el Congreso, hubo que reducir y sintetizar. Al
querer hacer de este un evento “fundacional” hubo que recurrir a los
nombres más conocidos y “fundamentales”. Por suerte, la LIJ
iberoamericana dispone de más grandes nombres de los que fuimos
capaces de presentar por escasez de tiempo.
A propósito de la pregunta anterior: precisamente se ha hecho
una edición facsimilar de Papelucho, la obra más importante
de Marcela Paz. ¿No sería fantástico que, en versiones posteriores,
SM rescatara algunas de estas obras para su mayor difusión?
No es tan sencillo, porque los derechos de autor de estos libros
famosos están todavía vigentes, y pertenecen a editoriales distintas
de SM. En concreto, en el caso de Papelucho Ediciones SM hizo
una oferta para su publicación, pero no logró hacerse con los
derechos. Aun así, hace tiempo que
la Fundación SM
viene dándole vueltas a la idea de
crear una gran biblioteca de clásicos infantiles latinoamericanos.
La presencia de valiosas académicas como Gemma Lluch, Victoria
Fernández y Teresa Colomer —una lástima que
Daniel Cassany
no alcanzara a participar— le
confieren una dimensión intelectual al género que muchos profesores
y profesoras no quieren ver. ¿Este congreso es también un llamado de
atención para ellos y ellas?
Solo con la exposición de la profesora Lluch hubiera bastado para
constatar la altura intelectual que ha alcanzado la investigación
sobre la LIJ en España y en América Latina. Lamentablemente, la
ignorancia de algunos profesionales de la educación es todavía
mucha. Ignorancia tanto más lamentable cuanto incide en la tarea que
a ellos les pide la sociedad, a saber, la formación de su sector más
sensible, y que tendría en los buenos libros infantiles y juveniles
una ayuda extraordinaria.
¿Qué impresión le dejó el panorama visual y discursivo que
ofreció el genial Istvansch?
Tuvo mucho mérito haber acometido, por primera vez en absoluto,
una historia de la ilustración de libros infantiles en
Latinoamérica. Este es un tema que vamos a seguir investigando y
que, muy probablemente, se convertirá en otra publicación de
la Fundación SM.
Lo visual estuvo muy presente en todo el Congreso, como no podía ser
de otra manera. Fue particularmente admirable la mesa redonda en la
que, dirigidos por el venezolano Fanuel Hanán Díaz, cuatro
especialistas pasaron revista a la ilustración actual en América
Latina.
También muy gratificante el avance que exhiben hoy los nuevos
estilos en la ilustración para niños. Tal vez lo más saltante sea el
impacto del libro álbum…
Hasta el punto que en algunos países son más los adultos que
compran libro álbum que los propios niños. Efectivamente, se trata
de auténticas obras de arte que merecen ser conocidas, admiradas y
coleccionadas.
La “foto fija” del estado actual de
la LIJ
en iberoamérica puso también en evidencia su
buena salud y sus matices de humor, reflexión o dramatismo. ¿Cómo lo
percibió usted?
Este era uno de los objetivos primordiales de este encuentro:
tomar conciencia de que se está haciendo mucho y bueno, frente a una
cierta sensación de subalternidad respecto a otras LIJs, en concreto
la anglosajona. Ni diez congresos como este hubieran bastado para
hacer justicia a un panorama tan rico y variado como el actual.
Un punto peliagudo fue el análisis de las políticas de
promoción del libro y de la lectura, para un continente con grandes
carencias y donde el libro y la lectura actúan más como elementos de
exclusión…
Por eso quisimos exponer iniciativas exitosas en distintos
países: desde iniciativas oficiales (planes nacionales de lectura o
red oficial de bibliotecas, por ejemplo) hasta iniciativas
particulares, tanto nacionales como internacionales. En vez de
lamentarnos una vez más por las carencias, quisimos presentar
realidades que pueden y deben servir de estímulo y emulación. Alguno
de los aplausos espontáneos más contundentes del congreso lo
recibieron estas iniciativas.
¿Cómo se reformuló el congreso después del tremendo desastre y
cómo se recompusieron los ánimos de organizadores e invitados?
El Congreso podía haberse quedado en un buen congreso, pero con
la situación vivida después del terremoto, ha quedado también como
una gran experiencia humana. Los beneficiosos contactos que se
auguraban por los pasillos, se convirtieron en largas conversaciones
y en amistades profundas entre los participantes. Todo ello dentro
de la sensibilidad especial creada por el episodio del terremoto.
Puede sonar cínico decir esto, pero creo que el terremoto
redimensionó el evento, dándole más profundidad, más autenticidad,
una dimensión todavía más valiosa.
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