CLÁSICOS IMPRESCINDIBLES
   
  SAGAS  
 

por  Mariana León

   
 

Dentro de la gran variedad de textos infantiles y juveniles existe un grupo que ejerce fascinación entre los asiduos lectores por satisfacer una de sus principales necesidades: el siempre querer más. Todos los que nos hemos perdido en la lectura voraz de alguna obra literaria conocemos ese sentimiento, ese vértigo que nos envuelve cuando notamos que el número de páginas por leer ha disminuido notablemente y el fin de la aventura está a la vista. Siempre quedamos con las ganas de más. En muchos casos reconocemos en esa sensación la maestría del escritor que nos logra brindar gratos momentos, nuevos amigos y aviva nuestra imaginación. Pero existen algunos que han sabido regalarnos más de una aventura al lado de nuestros personajes favoritos a través de sagas.

Estas son colecciones de novelas que tienen como hilo conductor, en la mayoría de casos, la reaparición de todos o algunos de los protagonistas que se enfrentan a una nueva aventura o continúan con el desarrollo de una gran empresa. Esto las ubica dentro del género de historias de crecimiento en donde al lector se le permite atestiguar el desarrollo, a largo plazo, de los personajes. Esto, definitivamente, logra llevar al límite el proceso de identificación entre el receptor de la obra y el héroe, ya que de alguna manera crecen juntos.

Son clásicos de este estilo obras como El señor de los anillos, dividido en tres entregas, o Las crónicas de Narnia, conformada por siete libros. En la mayoría de casos, notamos que el patrón de la historia base suele repetirse, por lo que el interés en la obra se encuentra en la cantidad de variables que se puede imaginar. En los últimos años, y quizás uno de los agentes impulsores de el actual boom de la literatura infantil, la publicación de la saga del mago adolescente Harry Potter trajo a discusión este estilo narrativo. Asimismo, esto generó tanto el redescubrimiento de antiguas sagas, como la aparición de nuevas.

Es sobretodo la narrativa infantil juvenil sajona la que nos ha regalado obras maestras, como las mencionadas, de este estilo. Sin duda, uno de sus elementos más sorprendentes se deja notar cuando observamos a masas de niños y adolescente, aquellos a los que acusamos de estar contaminados por la tecnología y que catalogamos de no lectores, leer con avidez y esperar con impaciencia la aparición de una tomo de más de 600 páginas que devorarán en pocas horas y no dudarán en releer. No cabe duda que es toda una contradicción con las teorías entorno a la muerte del libro o de la actividad lectora.

Tres fenómenos: un breve vistazo en relación a las sagas

Harry Potter

Tonto sería hablar de literatura para niños y jóvenes y no mencionar a este personaje. Su historia inicia justo en el momento preciso, Harry ha cumplido los 11 años y recibe la mejor noticia de su vida: es un mago. La pregunta que podemos hacernos es ¿y quién no? J. K Rowling parece que lo sabía y así consiguió, a lo largo de siete entregas, que crecieron en complejidad y extensión, cautivar a millones de lectores. Muchos me han preguntado, sobretodo mis alumnas en la Facultad de Educación, qué opino sobre esta obra y creo que solo puedo responder de una manera: me gusta. He leído los siete libros, en español e ingles, más de una vez y la última entrega en un solo día. También he revisado las tres obras paralelas y visto las películas. No me cabe duda de que estas novelas tienen aquel elemento único que las hace atrayentes.

Ahora, si me pregunta si representan una gran novedad, es evidente que para mí no; pero para niños y adolescentes que se inician en la lectura claro que sí. Si hay algún mérito que reconocerle a la autora es que ha sabido usar una larga tradición y hacerla trabajar a su favor.  Nos encontramos ante una típica historia de crecimiento, el protagonista en formación acompañado de pares y con una serie de adultos guía.

La tradición mágica encuentra referente en el círculo artúrico y en la mitología europea. A esta receta se le suma la correcta dosis de heroicidad y subversión de la que gusta el lector joven. No cabe duda de que la correcta publicidad ha ayudado, pero si no hubiera una gran necesidad de fantasía latente en el sector más joven de la sociedad no hubiera tenido acogida y un libro no se hubiera convertido en uno de los negocios más lucrativos estos últimos diez años.

Una serie de catastrófica desdichas

Nunca había oído mencionar a Limony Snicket, tampoco supe que su historia hubiera sido adaptada al cine. Lo descubrí una noche en una librería que ya no existe y compré el libro porque a simple vista me pareció que era viejo. Más tarde me percaté que el talento de un buen diagramador y las ventajas que ofrece hoy la tecnología al mundo editorial me habían engañado.

Antes de continuar describiendo esta saga, debo se fiel a las indicaciones del autor: no lo lean en busca de cosas agradables, no las hallarán, es más sería mejor que nunca traten de leerlo. A lo largo de trece aventuras, los hermanos Baudelaire vivirán las peores situaciones.

Muchos elementos hacen de estos libros una experiencia entrañable. Por un lado, los protagonistas y sus caracteres enamoran fácilmente al lector que logra continuar a pesar de las constantes advertencias, dentro y fuera del texto, sobre lo deprimente de los hechos a ser narrados. El autor nos tendrá con el alma en vilo con cada una de las cartas que el editor nos permitirá leer en las que se nos advierte que el solo conocer la existencia de estos hermanos nos pone en mortal peligro. El cuidado editorial es increíble y contar con al colección en mi biblioteca es un placer desde el hecho de contemplarlos en los estantes.

Sin duda es una de las colecciones que más me precio de poseer y que representan uno de los mayores problemas en la difusión de sagas en Latinoamérica: la traducción. Solo algunos de los tomos han llegado a Lima traducidos y han pasado casi inadvertido. La distribuidora VyD, sin embargo, tuvo a bien importar las versiones en idioma original, aunque esto limita el público lector que podrá acceder a ella.

Algunas conclusiones

Podría listar muchas otras sagas que deberían formar parte de cualquier biblioteca escolar. En los próximos días, se estrena la continuación de la adaptación cinematográfica de la saga Crepúsculo y Lima espera impaciente. Considero que es un buen momento para reflexionar sobre este gran grupo textual y sobre la poca importancia que se está dando a su estudio.

Como amantes de los libros reconocemos que, tal vez, no tengan toda la calidad literaria de un Paul Auster, de Bukowski u otros reconocidos nombres de la literatura universal; pero son un pie de inicio. Los niños y jóvenes nos están demostrando que sí tienen deseos de leer y que nuestras típicas excusas en torno a la pérdida de interés en esta actividad debido a la comunicación audiovisual o el desagrado a la lectura de gruesos tomos son solo eso, excusas.

Esperamos que no les demos más la espalda y busquemos nuevas maneras de usar estos fenómenos a favor de la difusión de la literatura. Vampiros y hombres lobo ha habido muchos a lo largo de la historia, así como magos y héroes protagonistas de más de una proeza, está en nosotros seguir guiando a ese lector ya iniciado en el siguiente paso de una gran, e interminable, aventura.

   
   
   
 
  LOS MISTERIOS DEL SEÑOR BURDICK  
 

por  Mariana León

   
 

Si pensamos en la evolución de la literatura infantil, no podemos dejar de notar el cambio que ha experimentado la relación entre el texto  y las ilustraciones. En la actualidad, ya no podemos concebir a las imágenes en un libro para niños como meras decoraciones, ni siquiera como la reproducción de algún fragmento del texto que permite al lector un descanso durante su lectura. La interrelación que estos dos elementos pueden alcanzar es la de la complementación.  

Muestra clara de esto es el surgimiento de  libros álbum (picturebooks), en los que esta interdependencia se vuelve vital para el desarrollo mismo de las historias. Sin duda, el avance tecnológico alcanzado con la impresión offset ha beneficiado el desarrollo de ilustraciones cada vez más sofisticadas, donde se hace posible un infinito juego de colores y texturas, lo que favorece se participación en los libros.  

 

Uno de los autores representativos de este género es Chris Van Allsburg, americano nacido en Michigan. Si bien su nombre puede resultar poco conocido, varias de sus obras, gracias a sus versiones cinematográficas,  nos son familiares como por ejemplo Jumanji, protagonizada por Robin Williams, o El expreso polar

En Latinoamérica, el Fondo de Cultura Económica de México se ha encargado de difundir sus publicaciones, destacando  La escoba de la viuda y Los misterios del señor Burdick. Es este último título el que llama nuestra atención en esta ocasión.

   
 

Un reto a la imaginación

   
 

Publicado en el año 1984 por primera vez bajo el título de The mysteries of Harris Burdick, este libro se ha convertido en todo un fenómeno de la literatura infantil al llevar al límite la concepción del libro álbum. Nos encontramos con una obra compuesta de catorce partes, cada una de las cuales  ha prescindido casi completamente del texto y se sostiene únicamente a partir de  un título y un epígrafe. A este elemento textual se le une como complemento una única ilustración.

 A primera vista podríamos pensar en este volumen como un simple portafolio de algún dibujante e incluso darnos la idea de un álbum familiar en el que recopilamos fotografías a las que, si tenemos tiempo, les hemos anexamos algún breve comentario.

 Para complementar esta novedosa propuesta, el autor se dirige al lector a través de una inquietante introducción. En esta se nos cuenta la historia de Harris Burdick, un escritor y dibujante que busca publicar sus cuentos por lo que se presenta ante un famoso editor con una muestra de su trabajo. Sin embargo, tras dejarlo maravillado desaparece dejando como única prueba de su existencia algunas ilustraciones.

 Van Allsburg, personaje dentro de la narración de la introducción, tiene acceso al trabajo de Burdick y al notar que le es imposible no fantasear a partir de las imágenes se lo comenta al editor, quien con una sonrisa le muestra cientos de historias que se han escrito a partir de ellas por diferentes personas. Incapaz de poder contener su deseo de compartir esta experiencia, señala, es que nace el libro que el lector tiene en sus manos. Este contiene aquellas ilustraciones olvidadas y que únicamente poseen un par de frases como indicio de las narraciones a las que remiten.

 
 

De esta manera, aquel que tiene la oportunidad de poseer el libro se ve inmerso en el juego o aventura que inició este misterioso señor Burdick.

La simpleza de esta propuesta es llevada acabo con gran maestría. Cada uno de los títulos y sus epígrafes tienen el poder de hacer iniciar un viaje personal a través de la ventana que ofrecen preciosas ilustraciones en blanco y negro.

   
 

El niño y la imagen

   
 

Contra los prejuicios habitualmente impuestos a la literatura infantil, la propuesta de un libro álbum es testimonio de lo minucioso y detallado que representa este tipo de expresión artística. Los niños, a partir del siglo XX, han sido bombardeados por una cultura visual impresionante y  los hace más hábiles en el análisis y comprensión de las mismas. Esto representa el gran reto para los artistas que deben conseguir atraer su atención logrando que su propuesta pueda rivalizar con la agilidad y sofisticación de los productos audiovisuales actuales.

 En su libro Lectura de imágenes, las inglesas Evelyn Arizpe y Morag Styles dan testimonio de su investigación en relación a la forma en que los niños leen estos álbumes e inician tomando la definición que propone  Bader: «el libro ilustrado es texto, ilustraciones, diseño total; es obra de manufactura y producto comercial; documento social, cultural, histórico y, antes que nada, es una experiencia para los niños.» (2004:43). Definitivamente, obras como la de Van Allsburg calzan perfectamente con esta definición.

 

 Estos libros álbum, permiten al niño todo un despliegue de habilidades diferentes a partir de la reflexión que impulsa la contemplación de la imagen con el texto. Asimismo, promueven el  desarrollo de su imaginación y, con ello, el encuentro con la posibilidad de las múltiples significaciones. Esto expande su criterio y le permite un desarrollo más integral de su intelecto. Finalmente, vale la pena mencionar lo interesante que esta misma aventura es para el adulto que no está exento de caer en la magia de esta propuesta y como la confrontación de su experiencia con la del niño puede lograr que viva una experiencia inolvidable.

 Sin embargo, muchas veces el trabajo con libros álbum es desdeñado por los docentes por significar una novedad en el trabajo de comprensión lectora. Felizmente, ya se han comenzado a hacer progresos al respecto y existen aportes importantes como el citado trabajo de Arizpe y Styles, quienes comparten sus impresiones sobre el trabajo en escuelas con libros álbum e incluso ofrecen alternativas metodológicas y fichas de trabajo para los interesados.

   
 

El fenómeno Burdick

   
 

Desde mi propia experiencia puedo dar testimonio de los gratos momentos que he pasado leyendo con mis alumnos el libro de Van Allsburg,  tanto con los que están en edad escolar como con los de educación superior. Y no soy la única.  

Para los que son amantes de pasear por la web podrán ingresar a la página del autor (http://www.chrisvanallsburg.com/).

Allí, no  solo hallarán información sobre  la obra del autor, sino que tendrán la oportunidad de leer cientos de trabajos de niños y adultos que han escrito sus versiones de cada uno de los cuentos.

Cada uno de estos es testimonio de la joya que representa este libro. Veinticinco años han pasado y seguimos sin tener noticias de Burdick, pero el número de versiones de sus cuentos no ha llegado a su fin.

Los invito, pues, a disfrutar de este nuevo clásico imprescindible para deleite de  nuestra fantasía y la de nuestros niños.

   
 

Obras citadas

 

 

 

ARIZPE, Evelyn y Morag STYLES.

2004    Lectura de imágenes. Los niños interpretan textos visuales. Traducción de María Viñós Zelaya. México D.F.: FCE.

VAN ALLSBURG, Chris

2002    Los misterios del señor Burdick. Tercera reimpresión. México D.F.: FCE.

   
 
  CUENTOS EN VERSO PARA NIÑOS PERVERSOS DE ROALD DAHL  
 

por  Mariana León

   
 

Cuando hablamos de clásicos nos referimos a todo aquello que, sin importar el tiempo, el lugar, o el sexo siempre será especial y único. En el mundo de los libros, consideramos así a las obras que han ido marcando nuestra experiencia como lectores, ya sea por lo singular de su trama, por la identificación que hemos sentido con sus personajes o por los mensajes que han ido dejando a cada generación.

En relación a la literatura infantil, específicamente, el término “clásicos” se ha limitado a los cuentos que provienen de una tradición oral y se fueron recopilando a lo largo del siglo XVII y XVIII, los cuales marcaron el inicio del desarrollo de este corpus de textos.

Es así como la obra de los hermanos Grimm o Hans Christian Andersen ha ido posicionándose en ese lugar privilegiado.

 

 

Asimismo, son cada vez más consideradas de esta manera, obras como las de James Barrie o Carlo Collodi que, en su momento, determinaron cambios importantes dentro de la literatura para niños al ser específicamente dedicada a ellos y por incorporar un mayor respeto e interés por el estudio del niño como receptor.

Sin embargo, así como no podemos negar la importancia de esta labor, en el siglo XX, especialmente durante el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, se ha dado una importante revolución en relación a la literatura para niños y jóvenes. Esta ha determinado la conformación de un nuevo grupo de clásicos. Así iniciamos esta sección en la que trataremos de presentar a estos nuevos autores y obras que han dejado huella en nuestra aventura literaria y que esperamos sean también importantes en la de nuestros lectores.

   
 

Roald Dalh y su versión de los clásicos

   
 

La elección de Cuentos en verso para niños en perversos como nuestro primer clásico imprescindible responde a que combina de manera singular el pasado y el presente de la literatura infantil. Con la gran calidad que ha caracterizado su obra y nuevamente acompañado en las ilustraciones por Quentin Blake, Dahl propone argumentos por todos conocidos, pero con un estilo narrativo innovador.

Los relatos que forman parte de esta compilación provienen de la tradición que mencionamos anteriormente. Cenicienta, Los tres chanchitos, Caperucita roja, entre otros son personajes que han formado parte de nuestro imaginario literario desde sus inicios. Todos han pertenecido a una primera fase oral y, más adelante, han sido recopilados por más de un autor. Incluso, varios de estos relatos han encontrado una versión definitiva u oficial, como señala Gemma Lluch, en las coloridas y musicales versiones cinematográficas de los estudios Disney.

De aquí parte un importante cuestionamiento al que, sin duda, no es ajeno el propio autor y lo deja notar en el primer verso del libro: ¿por qué volver a contar estas historias? Por un lado, creemos que no debe ser olvidado que estas narraciones tenían como primer objetivo transmitir saberes atávicos, ancestrales, compartir con las nuevas generaciones las experiencias acumuladas por los mayores. Creemos que no cabe duda de que hasta hoy tiene algo que decirnos. Pero, “¡Si ya nos la sabemos de memoria dirán!” como los receptores que imagina el autor al iniciar su libro. Y, en efecto, así parece ser, cada uno de estos argumentos es harto conocido por todos, sin embargo, como el mismo Dahl señala, es probable que de estas historias lo que tengamos sea “una versión falsificada, rosada, tonta, cursi, azucarada, que alguien con cabeza un poco rancia consideró mejor para la infancia”.

 

 
 

En esta primera estrofa de su versión de Cenicienta, el autor deja claro manifiesto de su postura en relación a estos universales personajes y el tratamiento que hasta hoy se les ha dado a sus aventuras. La idea de que es necesario proteger al niño del mundo mientras se está formando es responsable del grueso tamiz que va colando los temas y formas que se han considerado “apropiadas” para la literatura que se ha escrito para ellos. Esto, lamentablemente, los ha privado de mucho. Por otro lado, nos deja claro el único medio que nos queda para reactualizar estas viejas historias: la irreverencia, el humor y la parodia.

   
 

Clásica irreverencia

   
 

El humor ha caracterizado la producción inglesa de textos para niños desde siempre. Muestra de ello son los limericks (tipo de estrofa con metro y rima), popularizados por Edward Lear y caracterizados por sus sinsentidos; el disparatado mundo de maravillas de Lewis; o un Peter Pan que se atreve a desafiar las leyes del tiempo y nunca crecer. Dahl se adscribe a esta tradición de trasgresores.

En sus nuevas versiones de estas conocidas historias, encontramos un respeto a la estructura del relato, pero las circunstancias son variadas, así como la psicología y costumbres de algunos de los personajes. De esa manera, una interesante Cenicienta no asistirá a un baile cualquiera, sino a una disco para atrevidamente bailar “rocks miles” y robar el corazón del príncipe. Por otro lado, una inquietante Caperucita evadirá la ayuda de un valiente leñador para defenderse asimismo y sin dudar con la ayuda de su revolver personal.

 

 

 

 Ambas heroínas, además, nos sorprenden con los desenlaces escogidos, ya que una declinará al amor del príncipe, que es realmente cruel y violento, por el de un noble fabricante de mermeladas; mientras que la otra paseará ufana un nuevo abrigo hecho de la piel de su enemigo mortal muerto por su propia mano.

Si esto no fuera suficiente, la decidida Caperuza se da una vuelta por un cuento vecino. Allí se gana otro abrigo tras librar de la caza del lobo al último cerdito, pero pobre ingenuo no supo que tendría que pagar el favor con su propio cuero. No olvidemos que estos son cuentos para niños perversos.

   
 

Poesía y humor: un lenguaje transgresor

   
 

Las nuevas adaptaciones creadas por Roald Dahl son presentadas magistralmente a través del ingenioso uso de la palabra. En español, gracias a la brillante traducción de Miguel Azaola para la edición de Alfaguara, esto no se ha perdido.

Para corroborar aún más la intención irreverente, el autor ha optado por construir sus cuentos en verso. El lenguaje poético ha sido desde siempre el espacio de la subversión y el juego, en el cual se nos permiten todas las licencias y podemos ir en contra de las reglas. Esto se complementa con una precisa selección de los adjetivos. En el caso de la Cenicienta, por ejemplo, se recurre a largas cadenas de adjetivación, que unidas a la sonoridad, crean una sensación de exageración y precisión, al mismo tiempo. Esto nos recuerda mucho al entusiasmo que ponen los niños al expresarse con palabras.

Asimismo, se sorprende al lector con la inclusión de frases coloquiales y menciones a elementos de la cultura actual (”auto stop”, “volkswagen”) renunciando a varios de los formulismos habituales en los cuentos de hadas.

 

 

También, se deja de lado lo formal para dar paso a un lenguaje más desenfadado, a la burla abierta y a una innegable franqueza. Basta como ejemplo los crueles reproches de la madre de Juan, el que encuentra las habichuelas mágicas, cuando este le cuenta que el gigante pudo olerlo con facilidad: “Naturalmente que te olió, marrano, que no te duchas más que en el verano y apestas como chivo”.

Este uso peculiar del lenguaje, que arranca más de una carcajada; el genio imaginativo del autor; y los extraordinarios trazos de Blake se conjugan para regalarnos una obra incomparable. Alfaguara le ha dado la oportunidad al público hispano de contar con esta joya. No dejemos de deleitarnos con ella, ya sea solos o, aun mejor, rodeados de la familia. Sin duda, este es todo un clásico imprescindible en la biblioteca de nuestros niños y, por supuesto, en la nuestra.

   
 

Bibliografía

 

 

 

Dahl, Roald. Cuentos en verso para niños perversos. Buenos Aires: Alfaguara, 2008.

Lluch, Gemma. Cómo analizamos relatos infantiles y juveniles. Bogotá: Grupo Norma, 2004.

   
 
 
 
 
     
   
   
 
Caballito de Madera